Domingo de Pentecostés (31/05/2020)

Por Hno. Rafael González

¡Qué toda lengua proclama las grandezas del Señor!

Para la celebración de la Eucaristía de Pentecostés, la Iglesia nos ofrece en la primera lectura, un texto tomado de los Hechos de los Apóstoles (2, 1-8) . El autor sagrado dice que los discípulos se llenaron del Espíritu Santo y empezaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les concedió manifestarse, esto sucedió en Jerusalén. El autor continúa diciendo que cerca del lugar residían judíos de diferentes pueblos que hablaban en diferentes lenguas. Y al escucharlos, se acercaron al lugar y se impresionaron que cada uno les oía hablar sobre las grandezas del Señor en su propia lengua.

Me imagino esa escena, escuchar a alguien que no conoces y que esté hablando en tu propia lengua sobre las maravillas de Dios. ¡Muchas personas nos han pasado que estamos en un territorio extranjero, escuchando un idioma que apenas vas entendiendo, de pronto, escuchas a alguien cerca que habla tu idioma y ¡zas! te volteas y quieres saber quién es esa persona. Luego, estás más complacido porque tienes tu acento, más ganas te han dado por acercarte y conversar con esa persona.

Ese sentimiento de identidad la vive miles de personas en el mundo que por diversas razones han dejado su país. Cuando escuchas a alguien de tu nación en el extranjero, te identificas y quisieras hablarle para tener al menos un rato de conversación con alguien que sabes que te comprende. Así se sentían los judíos extranjeros y muy complacidos porque lo que escuchaban eran expresiones de grandezas de Dios. ¡Doble felicidad!

Este texto nos enseña que Dios nos une a pesar que hablamos diferentes idiomas, sin embargo, cada uno de ellos tiene cosas hermosas que decir de Él. Dios no tiene límites, no tiene un idioma propio, no tiene un país, no tiene una cultura, no tiene un grupo preferido. Los tiene a todos y aún así, nos permite que cada uno o cada una nos sintamos complacidos de alabarle según nuestro idioma, nuestra forma de comprenderle. Por eso, los que hablamos español, digamos juntos con mucha alegría, ¡qué grandes son tus maravillas, Señor!






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