¡Qué poder tiene tu voz, Señor!

 ¡Qué poder tiene tu voz, Señor!

Hno. Mariano Franco Méndez, O.S.B. 


Las lecturas del domingo pasado hicieron énfasis en la voz del Señor que llama a quien quiere y cuando quiere. Él es quien toma siempre la iniciativa, Él es el que siempre sale al encuentro del hombre para ofrecerle un plan de vida, un camino a seguir con miramientos a la plenitud total del hombre, es decir, la  propia salvación y la felicidad. La única condición o requisito para esto es la conversión de vida y la renuncia a uno mismo.

En el Evangelio de hoy san Marcos nos narra el llamado de los apóstoles Simón, Andrés, Santiago y Juan. Cada uno de ellos tenía una vida ya  hecha, y quizás ciertos planes a largo y corto plazo. Sin embargo, Jesús irrumpe en la vida de ellos, con una invitación poco peculiar, y quizás muy difícil de entender de forma inmediata: "Ser pescadores de hombres".  Lo que me asombra de este pasaje es la prontitud de los apóstoles para seguir a Jesús y aceptar su propuesta. El Evangelio no da más detalle sobre las posibles reacciones de los apóstoles, y quizás hasta cuestionamientos, porque seguramente los hubo. Sin embargo, el punto es que ellos aceptaron inmediatamente dicha propuesta tras escuchar la voz del Señor y es donde yo me pregunto admirado ¿Qué poder tiene tu voz, Señor, que inmediatamente nos hace dejar nuestras redes y seguirte?

A lo largo de la historia del cristianismo, y hasta la fecha podemos ver muchas mujeres y hombres que han sido llamados a seguir al Señor, con la debida libertad de dar una respuesta afirmativa o negativa, cosa que Él siempre va a respetar. 

Cada uno de nosotros fuimos llamados para una vocación particular, como la vida religiosa, la vida matrimonial, la vida célibe, etc. Y en cada estilo de vida hay renuncias que hacer, planes que aplazar, y en la mayoría familia y amigos que dejar para ir en busca de nuestra propia felicidad. Todo lo que dejamos siempre será por un bien mayor, y sobretodo cuando se trata de colaborar en el plan salvífico de Dios, porque ya no solo pensamos en nosotros mismos, sino también en los demás. En estos tiempos de miedo, duelo, incertidumbre, es cuando más nos necesita el mundo, y podemos empezar a ser pescadores de hombres desde nuestros hogares, trabajos, escuelas, etc. No hagamos oídos sordos al llamamiento de Jesús que continuamente está en la espera de nuestro ¡SÍ! Dejémonos cautivar por su voz y mirada que seducen, y pidamos que siga enviando más pescadores de hombres comprometidos al servicio de Dios y al servicio del prójimo. 


Que María Santísima, la mujer del "FIAT", nos inspire a entregarnos generosamente a la propuesta personal que su Hijo y Señor, tiene para cada uno de nosotros y así contribuir a la instauración del Reino de Dios y tener una sociedad y mundo más sanos, y santos. 

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