UN VISTAZO AL VALOR DE LA AMISTAD


UN VISTAZO AL VALOR DE LA AMISTAD

Por el P. Asiel M. Rodríguez, O.S.B.


No resulta nada falso afirmar que “el mundo en que vivimos está menesteroso de amistad”. Echando un vistazo a la historia de las sociedades será fácil darse cuenta de que hemos avanzado en tantas cosas, vivimos tan deprisa y tan preocupados que, al fin, nos olvidamos de las cosas más importantes. El ruido y la velocidad se están “comiendo” el diálogo y cada vez tenemos mas “conocidos” y menos amigos. El viejo “cisne negro”-como llamaba Kant a la amistad- se está volviendo no ya algo difícil, sino completamente milagroso.

Sin embargo, nada ha enriquecido tanto la historia de los seres humanos como las amistades entre sí. Sócrates aseguraba que prefería un amigo a todos los tesoros de Darío. Para Horacio un amigo era “la mitad de su alma”. San Agustín no vacilaba en afirmar que lo único “que nos puede consolar en esta sociedad humana tan llena de trabajos y errores es la fe no fingida y el amor que se profesan unos a otros los verdaderos amigos. Ortega y Gasset escribía que “una amistad delicadamente cincelada, cuidada como se cuida una obra de arte, es la cima del universo”. Y el propio Jesús ¿no usó, como supremo piropo y expresión de su cariño por los apóstoles, que eran sus “amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre se lo he dado a conocer a ustedes?


Pero la amistad, al mismo tiempo que importante y maravillosa, es algo difícil, raro y delicado. Difícil porque no es una moneda que se encuentra por la calle, y hay que buscarla tan apasionadamente como un tesoro. Rara porque no abunda: se puede tener muchos compañeros, abundantes camaradas, pero nunca serán muchos los amigos. Y delicada porque precisa de determinados ambientes para nacer, especiales cuidados para ser cultivada, minuciosas atenciones para que crezca y nunca se degrade.


Hoy sólo quiero decir que, una persona, con ganas de ser enteramente humana, tiene que empezar por colocar la amistad en uno de los primeros lugares de su escala de valores y que, contra lo que suele decirse, el mejor modo de ganar nuestro tiempo es “perdiéndolo” con los amigos, esos hermanos que hemos podido elegir a nuestro gusto.

                                                                                                   

Los amigos que he tenido (y que tengo) a lo largo de mi vida no solo han sido personas con las que pasar el tiempo, o personas que estuvieron a mi lado en las buenas y en las malas. Los amigos de mi vida han sido (y son) mucho más. Algunos siguen estando, otros ya no. Por cuestiones de la vida, la distancia y algunas otras razones ya no estamos juntos, ni compartimos tiempo, pero la huella de la amistad es imborrable.


Mis amigos con o sin intención me han ayudado a ser una mejor persona. Todos. Los que comparten mi fe y los que radicalmente se oponen a ella. Ese deseo que dicta “quiero lo mejor para ti”, marca un camino casi infalible en una buena amistad. 

El libro “El Principito” de Saint-Exupéry, es una obra increíble que tiene mensajes extraordinarios sobre el tema. Por eso he querido tomar algunas citas para tratar de ilustrar algunas características de una verdadera amistad y preguntarnos si sabemos ser amigos, si realmente lo somos, si los tenemos y por qué los deseamos tanto.


Esta es una novela que también nos permite adentrarnos en un viaje con nuestro niño interior, con esas heridas que tal vez aún no hemos sanado. Una bella oportunidad para conectar nuevamente con tus emociones más profundas. 


  1. La necesidad de encontrar un amigo

“Me pregunto si las estrellas se iluminan con el fin de que algún día, cada uno pueda encontrar la suya”.


¿Has visto a un niño pequeño en su primer día de clases? No pocas veces un llanto desesperado aparece y todo su cuerpo se llena de una angustia por estar “solo”. Esta escena que pasa a los 4 años pasará muchas veces a lo largo de tu vida, en el colegio, en la universidad, en tu primer trabajo, etc. Y frente al nerviosismo de no conocer a nadie también está el deseo de encontrar a aquel que no solo te haga compañía sino te haga sentir bienvenido y te guarde. Podemos estar rodeados de muchas personas y sentirnos solos como el Principito que vivía en un planeta solo con su flor. Contemplaba las puestas de sol, que eran hermosas, pero que lo llenaban de una profunda nostalgia. Él vió la necesidad de comprender esa sensación de ausencia y emprende un viaje en búsqueda de amigos impulsado por el deseo de encontrar esa estrella que sea realmente suya.


2. Los lazos que necesitan hacerse fuertes

«Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, comenzaré a ser feliz desde las tres».

Hay amistades que suceden espontáneamente (como ese niño que se te acercó en tu primer día de clases y te invitó a jugar y desde ahí son inseparables). Hay también amistades que necesitan continuidad y algo de dedicación. Sea cual sea el caso, todas las amistades necesitan cuidado. A veces pasamos la vida con los amigos en el corazón, sin hacer una llamada, sin preguntar cómo va la vida. A veces por costumbre, a veces por “falta de tiempo”.  Vamos creando amistades hermosas pero que viven en nuestro pensamiento y en nuestro recuerdo. Necesitamos pasar el tiempo con los amigos, domesticarlos y dejarnos domesticar por ellos. Y así ser felices desde antes del encuentro, felices de compartir el tiempo y las experiencias de nuestras vidas juntos.


3. “Yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo”

“No era más que un zorro semejante a cien mil otros. Pero yo le hice mi amigo y ahora es único en el mundo”.


¿Cómo son aquellos amigos con los que hemos pasado una vida entera? Hay amistades que a veces son incomprensibles. Personas que para otros pueden resultar insoportables (sí!) y sin embargo para el amigo representa a aquel en quien confiar, aquella persona de la que conocemos cosas que los demás no pueden ver. Son únicos para nosotros. Cuando una verdadera amistad existe podemos ser libres frente a ella y frente al resto. Un verdadero amigo guardará tus secretos, te dirá tus verdades y te empujará a ser mejor siempre. Un verdadero amigo no es un simple cómplice, es mucho más que eso. Solo hay amistad cuando hay virtud.


4. Una misión conjunta

“Los hombres –dijo el Principito– se meten en los trenes pero no saben a dónde van. No saben qué quieren ni saben qué buscar”.


Cuando tenemos un amigo compartimos una misión en común, una tarea conjunta. Y no es que decimos: “seamos amigos para lograr nuestro objetivo”. La tarea común es algo que se va descubriendo con el conocimiento mutuo, el tiempo compartido y los ideales compartidos. Es ese algo que da sentido y trasciende nuestra amistad. Una amistad en la que cada cual quiere seguir su propio camino y sus propios intereses, se vuelve vacía, esas amistades en las que compartimos preguntas que nos inquietan y recibimos por respuesta el silencio o un “para qué te complicas?”. Con los verdaderos amigos no vamos a ciegas a la meta, aunque implícita, es conocida y deseada por ambos.


5. La amistad a prueba

“Fue el tiempo que pasaste con tu rosa lo que la hizo tan importante”.


La amistad requiere tiempo, permanencia, compartir y ser consistente, no solo decir lo que se quiere sino cumplir lo que se dice. El amor entre amigos es un amor de hermanos, y en algunos casos más profundo aún que los propios lazos de sangre. Si bien el tiempo juntos es necesario, no es un tiempo muerto sino un tiempo siendo, siendo juntos aquello a lo que estamos llamados a ser. Y quién mejor que un amigo el que te ayude a descubrirlo. A veces nos desviamos en el camino, tomamos decisiones que van en contra nuestra, y los verdaderos amigos salen, no solo al encuentro sino muchas veces al mismo ¡choque!, a suplicarnos que reaccionemos. La amistad se pone a prueba, pone a prueba nuestra testarudez frente al conocimiento de los amigos que nos aman.


6. Cuando los amigos se van

“Es muy triste olvidar a un amigo. No todos han tenido un amigo”.

Cuando un amigo se va no se trata solo del drama de la ausencia y la pérdida. Se trata del valor que tuvo para ti. Cuanto mayor su valor más hondo el vacío. La muerte como la ausencia máxima para el ser humano guarda en ella la esperanza (independientemente de tus creencias) de que ese encuentro vuelva a suceder. Por eso el vacío que dejan los amigos cuando parten es un vacío que nadie más puede ocupar hasta que se vuelvan a encontrar. Los amigos son insustituibles, y este vacío no se llena ni siquiera con la llegada de nuevos y más amigos.

Una verdadera amistad es un tesoro que te acompaña en la vida y te muestra reflejos de quién eres; te recuerda el camino y lo recorre contigo.

Todo esto me hace pensar finalmente, ¿será que existe la santidad? o, ¿son los buenos amigos los que nos conducen a ella? “Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer”.


Que en el camino de la vida no dejes de encontrarte con esos verdaderos amigos que llegan para quedarse, porque son dignos de tu caricia y del bien que Dios les regala. 






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