Más pudo quien más amó

Más pudo quien más amó

Hno. Mariano Franco-Méndez, O.S.B. 


Poco se sabe sobre la hermana de nuestro Padre san Benito, quien según san Gregorio Magno, a quien se considera el biógrafo de san Benito, santa Escolástica fue la hermana melliza de san Benito. 

San Benito y su hermana santa Escolástica vivieron en Italia en el siglo VI. Lo poco que sabemos sobre Escolástica proviene de los Diálogos de san Gregorio Magno. Pese a que santa Escolástica aparece muy poco en los Diálogos, su ejemplo y lección de amor que da a su hermano san Benito, y por ende, a todo el mundo sigue teniendo impacto hasta el día de hoy. 

Cuenta la historia que Benito y Escolástica se reunían cada año en una pequeña casa a medio camino entre sus monasterios. En una de esas ocasiones, después de un día lleno de oración y conversación profundas y ricamente satisfactorias, cayó la noche y Benedicto se preparó para partir. “Escolástica dijo: 'No me dejes esta noche, hablemos hasta la mañana de las alegrías del cielo', a lo que san Benito respondió: 'Imposible, querida hermana, no puedo pasar la noche fuera del monasterio'. Ante la negativa de su hermano, santa Escolástica, juntó las manos e inclinó la cabeza en oración. Cuando levantó la cabeza, hubo truenos y relámpagos y una lluvia tan torrencial que Benito no pudo salir y tuvo que esperar hasta el día siguiente. Ante esta situación san Benito se sorprendió y reprendió a su hermana diciéndole: "¡Dios se apiade de ti, hermana! ¿Qué has hecho? ''. Ella respondió: "Te lo pedí y no me escuchaste. Así que le pedí a Dios y Dios me escuchó". Un amigo y hermano monje sacerdote reflexionaba que este evento fue definitorio en la vida de san Benito, ya que esta posible lección de amor de su hermana influenció en los últimos capítulos de la Regla Benedictina, ya que al principio la regla puede tener la apariencia de ser dura, pero poco a poco san Benito se torna en un padre amoroso y comprensivo para con aquello que desean seguir su propuesto estilo de vida. 

A san Gregorio no le sorprendió que Dios haya escuchado la petición de santa Escolástica y por eso dice: “No debería sorprendernos que ella ganara, ya que san Juan nos dice: 'Dios es amor'". Era inevitable que más pudo quien más amó. La autoridad de Benito y su estricta adherencia a la Regla no estaban a la altura del poder del amor de Escolástica por Dios que se mostraba en su deseo de seguir conversando sobre los gozos del cielo. Un amigo y hermano monje sacerdote reflexionaba que este evento fue definitorio en la vida de san Benito, ya que esta posible lección de amor de su hermana influenció en los últimos capítulos de la Regla Benedictina, ya que al principio la regla puede tener la apariencia de ser dura, pero poco a poco san Benito se torna en un padre amoroso y comprensivo para con aquellos que desean seguir su propuesto estilo de vida. 

Otro dato que nos cuenta el biógrafo de san Benito, sobre su hermana es que tres días después Benito tuvo una visión en la que vió el alma de su hermana, partir de su cuerpo y en forma de paloma, ascender al cielo. Se regocijó con himnos y alabanzas, dando gracias a Dios. Sus monjes llevaron su cuerpo a su monasterio y lo enterraron en la tumba que él mismo se había provisto. San Benito la siguió poco después y fue enterrado en la misma tumba con su hermana.

La vida y el ejemplo de santa Escolástica nos llaman a tener  prácticas más saludables y no rígidas, a saber tener una comunicación saludable y asertiva, a orar en familia, en comunidad,  y tener una disciplina y balance en las responsabilidades cotidianas que tenemos sin caer en la obsesividad y escrupulosidad. 

Los santos nos ayudan a recuperar lo que hemos perdido a través de hábitos pecaminosos y mundanos. Que Santa Escolástica nos ayude a incrementar nuestro amor por Dios y el amor por nuestro prójimo para la gloria de Dios y la salvación de las almas.



Santa Escolástica, ¡Ruega por nosotros! 



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