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Mostrando las entradas de enero 10, 2021

Confiar en Aquel que nos ha llamado

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  Confiar en Aquel que nos ha llamado Hno. Roberto de Molesmes, O.S.B.  Al meditar en el Evangelio de este domingo y entrelazándolo con el salmo que también escuchamos hoy, me hace pensar y profundizar en el momento en que fuimos o somos llamados a vivir nuestra vocación, ya sea en el matrimonio, en la vida consagrada o en el servicio de Dios permaneciendo célibe. Hoy vemos a Jesús preguntando a sus discípulos, “¿Qué buscan?” Y estos le responden, “¿Dónde vives?”, Jesús les invita: “Vengan y lo verán”. Es así como podemos voltear atrás y recordar ese momento en el que sentíamos que Dios nos llamaba a vivir una vocación, y que con el tiempo fuimos descubriendo y escuchando la voz de Dios para poder hacer lo que nos pedía para poderle servir en con nuestra respuesta puesta en Cristo.  El salmo por otra parte también nos hace meditar en las palabras que muchos de nosotros hemos orado en algún momento muy personal entre Dios y nosotros, “ Aquí estoy señor para hacer tu voluntad” (salmo 39)

Santos Mauro y Placido, primeros discípulos de san Benito

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  Memoria de los santos Mauro y Placido, primeros discípulos de san Benito P. Asiel Rodriguez, O.S.B.                                                                    1/15/21 Dada la gran fama de santidad que alcanzó san Benito en la época en que vivió en Subiaco, muchas nobles familias romanas solían confiarle a sus hijos para que los educaran en el monasterio. Equicio le confió a su hijo Mauro y el patricio Tértulo a su hijo Plácido, quien era aún muy niño. San Gregorio cuenta en sus Diálogos que, en cierta ocasión, Plácido se cayó en el río cuando trataba de llenar un cántaro; san Benito, que se hallaba en el monasterio, llamó inmediatamente a Mauro y le dijo: “Corre y vuela, hermano mío, porque el niño acaba de caerse en el río”. Mauro echó a correr y anduvo sobre las aguas a la distancia de un tiro de flecha, hasta el sitio en que se hallaba Plácido; entonces le tomó por los cabellos y le arrastró hasta la orilla, siempre andando sobre las aguas. Al pisar tierra, Mauro volvió lo